sábado, 24 de julio de 2010

LA SAGRADA ESCRITURA: DIOS, HOMBRE Y MUNDO


LA SAGRADA ESCRITURA: DIOS, HOMBRE Y MUNDO


1. INTRODUCCIÓN


Biblia, Palabra de Dios, Sagrada Escritura… sea cual sea el nombre que utilicemos, es innegable como este libro, o mejor aún, colección de libros, de carácter sagrado-inspirado, plasmados por manos humanas, recoge la experiencia de fe y de vida tanto del pueblo de Israel (Antiguo Testamento) como de los primeros cristianos (Nuevo Testamento) de tal forma que su mensaje alcanza al mundo entero, dando así a conocer la presencia, quehacer y voluntad de Dios en medio de la humanidad y sus diversas realidades.


Patrimonio, vínculo de fe y tradición común de dos grandes religiones y culturas, la Sagrada Escritura, ha penetrado las bases de diversas sociedades, no con el ánimo de minar o frenar la libertad del hombre, cuya historia y vida misma, son respetadas y resaltadas.


Pero más allá de todo esto y gracias hoy día a diversas áreas del conocimiento y las ciencias (Arqueología, Geografía, Antropología, Historia, Literatura, entre otras) es posible entender la Sagrada Escritura como lo que es: libros auténticamente inspirados, desarrollados en lapsos concretos de la historia y fieles a su contexto. (Siglos XIII aC. – II dC. Aprox.)


Sin más preámbulos, paso a tratar de forma breve y concisa, la importancia de la Sagrada Escritura para la fe cristiana, la Iglesia, el mundo y por qué no, para las ciencias, dedicando también un espacio importante a la Tradición, como parte integral e inseparable de la Sagrada Escritura y a la vez, aclarar dudas sobre su importancia, en ocasiones malinterpretada.


2. SAGRADA ESCRITURA Y FE


El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dei Verbum dice: “La Sagrada Escritura nos comunica la palabra del mismo Dios…” 21 Esta sentencia, clara de por sí, unida a la fe de siglos, tanto de judíos como de cristianos, no puede ser desconocida, dado que si la fe, más allá del mismo hecho de creer, también implica una respuesta decidida y afectuosa, pero ante todo libre de parte del hombre, hacia aquel que da a conocerse por medio de las Escrituras.


Dicha fe, que a la vez fortalece la esperanza y da sentido a la caridad (amor) es la misma que constantemente invita a descubrir, detrás del misterio que encierra y los complejos conceptos teológicos, la voz de Dios, que continuamente habla y actúa, aunque el hombre en ocasiones, no desee reconocerlo.


3. LA SAGRADA ESCRITURA Y LA IGLESIA


Desde sus orígenes, la Iglesia se ha preocupado, no solo por venerar la Sagrada Escritura en la liturgia, sino que también, ha velado por su estudio adecuado, sin olvidar su papel fundamental en el anuncio del mensaje cristiano.


Sin embargo, no podemos olvidar que durante un gran periodo de la historia de la Iglesia (Edad Media principalmente), el uso de la Escritura estuvo limitado a los fieles, no porque fuese malo o estuviese prohibido, sino que dada la escasa formación de los mismos, se podía dar paso a que estos cayeran en una interpretación errada de determinado texto bíblico o del conjunto de la Escritura, arrastrando consigo a otros. Bien diría san Agustín: “Las herejías nacen de una buena intención interpretativa”. (También cf. Dz. 1429 - 1604)

Años después, el Concilio de Trento (1546 – 1563) en su afán de responder adecuadamente a la situación provocada por los postulados de Martín Lutero, que invitaban a una interpretación libre e individual de la Escritura, continuó en la misma línea precedente (reservada en su totalidad a los clérigos y teólogos), al tiempo que se preocupó por enfatizar con mayor vehemencia en un estudio más serio, coherente y práctico de la misma.


Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia llegó a la conclusión de que era ya necesario y relevante formar a los fieles del común (los laicos) en el conocimiento de la Sagrada Escritura, con el fin de que la vida de fe del creyente no solo girase en torno a las prácticas devocionales (muy respetables, pero no suficientes), sino que además, al complementarse con la liturgia en la cual la fe se celebra, sea cada vez más plena, sensata y ante todo, testimonio de vida para con los demás.


Al respecto cita el Concilio:

“Es necesario que el acceso a la Sagrada Escritura esté de par en par abierto a los fieles. Por esta razón, ya desde los orígenes recibió la Iglesia como cuya la antiquísima versión del Antiguo Testamento… y mira siempre con honor otras versiones… ahora bien, como la Palabra de Dios ha de estar a mano para todos los tiempos, la Iglesia procura con maternal solicitud la composición de versiones adecuadas y bien hechas… se llevaren a cabo en esfuerzo mancomunado con los hermanos separados…” (DV. 21)


Así como el pueblo de Israel recorrió un largo camino, mientras recibía la revelación de Dios, que quedó definitivamente asentada por escrito en la Biblia, también la Iglesia ha ido recorriendo un largo camino, tratando de comprender mejor esta revelación. Aun así, seguirán aguardándonos muchos sentidos ocultos en este grandioso e inagotable libro de la Palabra de Dios (Ariel Álvarez Valdés. ¿La Biblia dice siempre la verdad? San Pablo. Argentina, 2002. Página 84)

4. IMPORTANCIA DE LA TRADICIÓN


Todo lo anterior, se complementa de forma segura y firme, cuando también se comprende la importancia de la TRADICION de la Iglesia, la cual no es un compendio de costumbres, modos, ritos, sino todo lo contrario; es ante todo, el mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, elaborado y transmitido por los apóstoles, y que necesariamente no se encuentra plasmado tajantemente en la Escritura. “Jesús hizo muchas otras cosas. Si se escribiera una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros” (Jn. 21, 25).


No se puede olvidar que incluso la misma Escritura hace referencia a la Tradición Oral como base de la fe de los creyentes, además, en ninguna parte de la misma (Biblia) está escrito que solo esta contiene la totalidad del mensaje revelado y por tanto, suficiente para la salvación.


“Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, 9).


4.1. DEFINICIÓN


Derivada del verbo latino tradere, entregar) la palabra Tradición es usada para referirse a la transmisión histórica de doctrinas, instituciones, usos o costumbres (tradición en sentido activo), o también las mismas doctrinas o instituciones que han sido transmitidas (tradición en sentido pasivo). Esta, entendida en toda su amplitud, es un hecho humano universal, por cuanto está ligado a algunas de las características fundamentales del hombre: su sociabilidad, su historicidad, su formación, su espiritualidad, etc. Desde aquí, la tradición puede también definirse como el transmitirse, en virtud del cual el pasado revierte sobre el presente vivificándolo y siendo continuado por él, con miras al futuro.


Tomado de: Ministerio de Apologética “SOBRE ESTA ROCA” Costa Rica.
En términos bíblicos, la palabra griega para definir "Tradición" es "Parádosis" y aparece en los siguientes textos:


"Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las Tradiciones (Parádosis) tal como os las he transmitido." (1 Co. 11,12)


Como podemos ver, San Pablo está alabando a la comunidad de Corintios no por guardar el Evangelio, sino por guardar las "Tradiciones", lo cual se clarifica al saber que los Evangelios en esa época aun no circulaban en las comunidades cristianas y el conocimiento de Jesús se comunicaba oralmente, o sea en forma de Tradición.


Otro ejemplo, lo encontramos aquí: "Y lo que has oído de mí, entre muchos testigos, esto engargolo a los hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros". (2 Tim. 2, 2) y "porque yo recibí del Señor lo que les he transmitido", (1Co. 11, 23) esto hablando de la Eucaristía, así pues el Señor mismo le entrega a Pablo la Tradición, pues Pablo no habla aquí de ningún libro escrito, sino de palabra escuchada.


Basta ver la actitud de Pablo, quien para animar en la fe a los primeros cristianos, no se remonta exclusivamente a la Palabra escrita, sino que también, recuerda y resalta el papel de la Tradición o predicación oral, cuyo contenido es desde el principio, también valorado y comprendido como proveniente de Dios: “Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo” (Flp. 4, 9). Y por si hay dudas:


“Hermanos, manténganse firmes y conserven las tradiciones que han aprendido de nosotros de viva voz o por escrito” (2Tes. 2, 15).


En este sentido, Pablo es claro. La Palabra de Dios no solo se limita a lo escrito, también está presente y viva a lo largo de los tiempos, digna de respeto e instrumento de evangelización y defensa de la fe.


Dice Ireneo de Lyon: “En todas las Iglesias del mundo, se conserva viva la Tradición de los apóstoles… la Tradición de esta sede (Roma) basta para confundir la soberbia de aquellos que por su malicia se han apartado de la Verdad…” (Contra los Herejes 3, 2, 1: PG 844)


4.2. JESÚS Y LA TRADICIÓN

Si bien es cierto que Jesús condenó y rechazó el tradicionalismo literal y descorazonado de algunos de sus contemporáneos (cf. Mc. 7, 1 – 13) por estar alejados de Dios, no por ello, la Tradición Apostólica se asemeja a aquello que el Señor descartó por falsear la Ley de Dios y acomodarla a antojo de cada quien, dado que aquello que transmitieron los apóstoles y la Iglesia a lo largo de la historia, está en perfecta sintonía con lo revelado en la Escritura, para nada la contradice y es más, antes de que se pusiera por escrito el Nuevo Testamento y se estructurara definitivamente la Sagrada Escritura: ¿Cómo se transmitía el mensaje del evangelio? ¿Cómo se regulaba la vida y la fe de los cristianos en sus inicios cuando aún la Biblia no estaba definida? ¿O cómo Pablo dio a conocer el mensaje si no lo recibió por escrito (cf. 1Co. 15, 3)?


5. LA ESCRITURA Y EL DIÁLOGO ECUMÉNICO


“Es más lo que nos une que lo que nos separa”, diría Juan XXIII, al resaltar los aspectos que unen en esencia a toda la Cristiandad, entre ellos, la Escritura, única para todos, no obstante las diferencias ya conocidas (que si los deuterocanónicos, que cómo se interpreta, etc.).
Las diferencias siempre han existido, incluso antes del año 1054, cuando se dio la separación entre la Iglesia de Occidente y Oriente, y posteriormente en el siglo XVI, con la aparición de Lutero, quien marcó un hito, nada positivo eso sí, al dar a entender que “cada cual interprete a su modo la Escritura”, sin imaginar lo que estas palabras desencadenarían con el paso de los años (sectarismo) y que hoy, representa un obstáculo considerable para el diálogo ecuménico. En pocas palabras, de nada servirían los diálogos, las traducciones ecuménicas de la Escritura y demás iniciativas si se sigue en las mismas: que si la Tradición es válida, que si la procedencia del Espíritu Santo, que si el ministerio del Papa, y así otras tantas.
En este punto, vale la pena recordar aquel fragmento de la oración del Señor, premisa para todos los creyentes y testimonio para los demás:


“Que todos sean uno. Como tú Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn. 17, 21)


Dice la Iglesia en el Concilio Vaticano II:
“Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio... porque una sola es la Iglesia por Cristo Señor; muchas son sin embargo, las Comuniones cristianas que a sí mismas se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido (1 Co. 1, 13) esta división contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres” (Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis Redintegratio, 1)


Por fortuna, es más lo que nos une, empezando por la Escritura, que nos habla a todos, invitándonos a lo mismo: la Unidad.

6. LA ESCRITURA Y EL MUNDO


En un mundo donde cada vez prima lo particular sin importar lo general, donde lo sagrado ha pasado a un segundo plano y solo es utilizado para quedar bien, para determinados eventos o parecer más buenos frente a los demás, es de vital importancia redescubrir el papel que desarrolló y desarrolla hoy la Sagrada Escritura, ya que sirve como punto de partida y referencia a la hora de enfatizar en valores y paradigmas que contribuyan significativamente a reconstruir un mundo, no solo más alejado de la fe, sino que también, ya es capaz de matarse a sí mismo, sin tener en cuenta las consecuencias que dicha actitud genera.


Actualmente es común culpar a otros del por qué la gente ha dejado de valorar y respetar la Escritura, reduciendo a casi nada su inmensa riqueza no solo espiritual, sino también cultural, histórica y axiológica; nos es difícil ver que nosotros también tenemos parte en este problema, ya que nos da pena hablar de la Escritura, conocer más de ella, promoverla y darla a conocer, olvidando nuestra responsabilidad frente a ella; le dejamos la labor a otros.


Tomando en cuenta lo anterior, es importante entonces afrontar de forma decidida la responsabilidad que se tiene como cristianos, de no limitar la vida de fe a las celebraciones litúrgicas, los grupos de oración, o peor aún, a tener la Escritura en el hogar como un mero objeto de decoración, el cual solo se toca cuando se busca un Salmo o lo más triste, para limpiarle el polvo acumulado.


La Escritura no es un Diccionario, ni mucho menos un recetario de cocina, al cual solo se recurre para resolver dudas, buscar una frase, refutar a secas o hacer una tarea escolar.


No se puede seguir reduciendo la Escritura ni su papel en la vida del cristiano, ya que si se calla la voz de Dios, plasmada durante siglos, ¿qué seguirá después? Es una labor difícil, conjunta y decidida, que demanda tiempo, entrega y apertura, depende de todos llevarla a cabo “Ay de mí si no anuncio el Evangelio” (1 Co. 9, 16).


7. LA SAGRADA ESCRITURA Y LA CIENCIA


Eterna rivalidad y a la vez perfecto complemento, paradójico, pero también cierto. Fe y Razón. Durante años, se nos ha enseñado que ambos aspectos se encuentran en continua disputa y todo, con el único objetivo de dar respuesta a los interrogantes más relevantes de la existencia del Hombre y del Universo mismo. Prueba de ello ha sido el trabajo de Galileo, Copérnico entre otros; hombres que sin negar su fe cristiana, han aportado de forma inconmensurable al conocimiento y al desarrollo del ser humano, sin que por ello su fe y/o lo reseñado en la Sagrada Escritura se viese de algún modo, comprometido.

Además, no es posible, ni tiene sentido cerrar los ojos ante el gran aporte de las ciencias al estudio e interpretación de la Escritura, tales como la Arqueología, la Geografía, la Antropología, la Astronomía e incluso, la misma Filosofía, ya que si la Biblia es revelada, no por ello, carece de “toque humano”.


Considero que la ciencia, no está en contra de la Escritura, por el contrario ¿El fin de ambas acaso no es el mismo?


“El científico y el teólogo viven ambos al borde del misterio y ambos están rodeados por el misterio” (R. Oppenheimer)


8. UN BREVE APUNTE


Dedico un breve espacio (más no insuficiente) para hacer hincapié en la autenticidad de la Sagrada Escritura como libro revelado plenamente por Dios, plasmado por mano y mente humana, como medio de conocimiento del mismo Dios y su actuar en el mundo y la historia, dándole sentido y transformándolos de un modo constante y pleno, de ahí que no es tan descabellado citar el título de un reconocido libro “Dios está en el Cerebro”. Es por esto que no cualquier persona, a no ser que se encuentre debidamente formada se debe tomar la atribución de interpretar la Sagrada Escritura, ya que de no ser así, no hay garantía alguna que sustente la autenticidad de sus palabras y actos.

La Sagrada Escritura nunca dejará de sorprender al hombre, ya que a pesar de haber sido redactada hace tanto tiempo, Dios, por medio de ella sigue hablando al mundo de hoy y es por eso necesario interpretarla correctamente para que el mensaje, el anuncio de la Buena Nueva sea coherente y no decepcionante.


Bien diría el entonces cardenal Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI: “El estudio de la Biblia nunca estará completamente concluido: cada época tendrá que buscar nuevamente, a su modo, la comprensión de los Libros Sagrados”. Prefacio al Documento de la Pontificia Comisión Bíblica La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Abril 15 de 1993.

ISRAEL Y EL EXILIO, PROFETAS Y PABLO


ISRAEL Y EL EXILIO, PROFETAS PABLO A LA LUZ DE HECHOS DE LOS APÓSTOLES.

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
Lic. Teología FUNLAM

Introducción


El pueblo de Israel, a partir de de su herencia cultural y sobre todo religiosa, ha dejado una huella tan grande que ha trascendido a lo largo de la historia, sobreponiéndose a toda clase de obstáculos que en determinados momentos pusieron en peligro su propia existencia.
Basta con solo ver y palpar por ejemplo la literatura ya desarrollada antes del exilio de los israelitas a Babilonia, para entender que desde siempre, Dios ha hablado al hombre y a la vez, actuado en su propia vida (profetas, sacerdotes, reyes, etc.) de tal forma que pese a las pruebas, la esencia del mensaje divino, jamás se perdió.


Así, de la misma forma, mucho tiempo después, al desarrollarse el libro de los Hechos de los Apóstoles, es llamativa la similitud existente entre lo vivido por el pueblo judío antes, durante y después del exilio, y la experiencia de los primeros cristianos después de Pentecostés, dando a entender que en todo momento y más allá de todo, Dios siempre está presente, eso sí, respetando la libertad humana.


Literatura Preexílica. La historia en los profetas y viceversa. Pablo, apóstol y profeta.


Es evidente, que gracias a los hallazgos arqueológicos realizados últimamente, es posible comprender que más allá de la exactitud (geográfica, histórica, estadística)1 la Palabra de Dios trasciende todos los límites que nosotros mismos hemos establecido con miras a estudiar los textos sagrados, de tal forma que el hecho de que, por decir algo, un lugar, no coincida con un suceso narrado en la Escritura, no por ello, el texto pierde valor y sentido.


En este sentido, considero por ejemplo, que si se toma en cuenta el origen mismo del Pentateuco (siglos VII – VI aC.) surgido en gran parte, gracias a partir de la tradición recopilada hasta entonces, se puede establecer que no necesariamente, la exactitud de hechos y lugares debe ser coincidente en su totalidad.


Continuando con el Pentateuco, es maravilloso observar como los sucesos de vida de los diversos personajes y pueblos que a lo largo de los libros que lo componen, van marcando de una manera definitiva toda la historia y el desarrollo mismo de los israelitas. Que en algunos casos no sea exacto lo allí descrito, tal vez, pero esto, no tiene porque trastocar la intención de la Sagrada Escritura que no es otra, que dar a conocer la Palabra de Dios, en lenguaje humano; lenguaje asumido desde el comienzo por los primeros israelitas. Estos eran pastores nómadas, algunos de ellos, pillos y ladrones de caminos, posteriormente sedentarios y trabajadores en Egipto, donde llegaron a residir (siglos XIX – XV XIV aC) ya para aquel tiempo, una organización estructurada era urgente y necesaria. Hubo de esperar hasta el siglo VII aC para hablar con propiedad de un Israel ya ordenado y establecido, teniendo en cuenta los grandes aportes hechos por David y su hijo Salomón (siglos XI – X aC) durante los cuales, se dio el paso hacia la configuración de la nación judía (Templo, legislación, culto, etc.)


A pesar del desarrollo y la estabilidad, Israel no fue capaz de resistir las diversas invasiones, que desde la de Hazael (850 aC) rey de Siria, empezaron a fragmentar el Reino de Israel, esto sumado a la división de Judá e Israel lo debilitaron considerablemente, hasta que finalmente se produce el exilio a Babilonia, donde la élite es enviada primero (597 aC)2 y después, hacia el 587, los demás habitantes de Israel que solo pudieron volver a su tierra, casi cincuenta años después.

El exilio, prueba la acción de Dios al llamar la atención sobre la desobediencia de su pueblo y la vida que este empezó a llevar, dando fe de que Israel, aunque pecó y por ello fue castigado, el Señor no dejó de lado su obrar (cf. Is. 1, 1 – 37) y es en este contexto, donde los profetas desempeñan un papel importante en medio del pueblo, a la hora de transmitir aquellas palabras propias o que el mismo Dios dirige a su pueblo, pese a la conducta que este había tomado.


El profeta, mensajero de Dios, es aquel que anuncia el cambio, busca dejar atrás el pasado pecador del pueblo, y reconciliarlo con Yahvé; también denuncia el mal y las injusticias que llevaron a los israelitas al exilio, al que ven, como el punto de partida hacia la salvación proclamada (cf. Is. 40, 55) y la restauración de la dignidad e identidad propia del pueblo elegido.


Hombres como Amós, Oseas, Isaías, Sofonías, Ezequiel, Ageo, Joel, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Baruc, Daniel, Zacarías, Malaquías, Abdías, Jonás y otros tantos, que antes, durante y después del exilio, recibieron la misión de anunciar el mensaje de Dios invitando al pueblo a la conversión (antes) a la esperanza en la salvación (durante) y a no volver al pecado (después) no son más que el vivo reflejo de la experiencia del pueblo de Israel a lo largo de casi dos siglos (siglos VIII – VI aC)
El actuar de los profetas es más que prueba suficiente para demostrar que el infinito amor que Dios siempre ha tenido por su pueblo, así este, le dé la espalda3, creyendo que con poseer bienes se es libre y reconociendo después a fuerza, que solo retornando a aquel del cual todo proviene, se es verdaderamente libre y así, la paz retornará.4 así, en verdad, toda obra que el hombre emprenda, estará impregnada por el obrar de Dios, que pese a todo, no abandona.


Pablo, profeta del Evangelio


Finalmente, la esperanza salvadora prometida a Israel, se cristalizó en Jesucristo, “Dios hecho hombre”5 enviado al igual que los profetas, a anunciar la salvación e incluso, ser ofrecido para que esta sea real por y para todos6. Así lo entendió la primera comunidad cristiana, que a través de la caridad auténtica, fruto del Espíritu Santo que ha sido dado en Pentecostés, proclamaba de boca y sobre todo, con su propia vida, que Jesús, es el Hijo de Dios, aquel por el cual la salvación vino al mundo, muerto en la cruz y resucitado.

Ese mismo Jesús, fue quien llamó “a su manera” a aquel a quien encomendaría la misión de anunciar su mensaje (El Evangelio) a aquellos que ni siquiera hacían parte del pueblo de Israel (cf. Hch. 9, 1 ss.) Es así como entra en escena Saulo, llamado después Pablo. Paradójicamente, Saulo, antes de su conversión, da su aprobación a la muerte de Esteban, a quien sin proponérselo, terminaría reemplazando en el ministerio con los gentiles, al cual dedicó todas sus energías, luchando incluso con su propia herencia.7


Aún así, y por encima de todo tipo de prejuicios, normativas, rituales y demás costumbres arraigadas en su ser, Pablo supo comprender, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, que el amor de Dios estará siempre por encima de todos los modelos que el mismo hombre haya establecido, por más buenos que estos sean.


Con el paso del tiempo y libre ya de estas ataduras, Pablo al igual que los demás apóstoles, se lanza decididamente a predicar, incluso, en aquellos lugares donde antes era imposible pensar que podía llegar el mensaje de Jesucristo (Etiopía, Armenia, Arabia, India, Hispania, incluso, la misma Roma (cf. Hch. 28, 17 ss.). aquí, sin lugar a dudas, siento que faltó algo respecto a Pablo: ¿después de Roma, qué pasó? Dado que los datos existentes, son insuficientes y lo que se sabe de él posteriormente, se lo debemos a la Tradición.


Antes de concluir, no puedo pasar por alto que de no haber sido por la poderosa intervención del Espíritu Santo, que a través de lo descrito por Hechos, acompaña, confirma e inspira la vida y obra de la Iglesia8 todo se habría limitado a un mensaje bonito que a final de cuentas, no serviría de nada, más que para llenar bocas.


Conclusiones


• Lo narrado en los textos sagrados, la historia ya la arqueología, nos demuestra que la Palabra de Dios, inequívocamente, siempre ha acompañado la vida de los hombres, a los cuales crea, ama y sostiene, a pesar de que estos no correspondan de la misma manera.
• No puedo ver la Escritura como un mero manual de Historia o Geografía, sino como la experiencia del pueblo elegido en el comienzo, que aún, en medio de la zozobra, la muerte y el desplazamiento, supo valorar su herencia y recobrar la fe perdida en aquel que dirige sus vidas, sustentando su existencia individual y general.
• Los Hechos de los Apóstoles no puede ser visto como un manual de historia eclesiástica, verlo así sería muy pobre. Al contrario, es una invitación a redescubrir la esencia de vivir auténticamente el mensaje de Jesucristo en nuestra vida personal y eclesial. Es un libro de hoy y para siempre.
• Pablo, profeta moderno en su época, supo asimilar la misión de llevar a Cristo a los demás, así no fueran de su misma raza y costumbres. Él, es también el vivo modelo del misionero que es capaz de vencer las barreras de la diferencia, desembocando en la unidad.


Para cerrar:


1. ¿A dónde somos exiliados, sin que necesariamente lo suframos en carne propia?
2. ¿Qué exilios vivimos?
3. ¿Por qué permitimos que Dios esté ausente de la vida del mundo y más hoy?
4. ¿Actualmente hay profetas capaces de anunciar a Dios y denunciar el mal?
5. ¿Será necesario acaso un nuevo Pentecostés en la vida del mundo y porque no, de la misma Iglesia?


Bibliografía

- Biblia de Estudio, Dios Habla Hoy. Edición 2008. Sociedad Bíblica Colombiana.
- Blásquez, José María. La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento. Boletín de la Asociación Española de Orientalistas. 2004


- Escritos de Autoría de Álvaro Hernán Rincón Fresneda:

- http://teologiaatualcance.blogspot.com
- http://www.servicato.com
- Johnson, Paul. Historia de los Judíos. Edición 2008. Editorial Zeta
- Römer, Thomas. El Antiguo Testamento, una literatura de crisis. Revue de Théologie et de Philosophie 127 (1995) 321-338
- Vertiel, Weldon. Comentario a los Hechos de los Apóstoles.


Pies de página
1. Hallazgos de Finkelstein, Asher y otros (Blásquez, José María. La arqueología… Pág. 17)
2. Johnson, Paul. Historia de los Judíos. Pág. 123
3. Cf. Os. 2, 1 ss.
4. Cf. Miq. 4, 2 – 5
5. Cf. Is. 7, 14
6. Cf. Jn. 3, 16 y Hch. 2, 14 ss.
7. Cf. Hch. 15, 5
8. Cf. Hch. 2, 1 – 13. 3, 1 ss. 9, 17.

sábado, 3 de octubre de 2009

PESE A TODO, DIOS SIEMPRE NOS RESCATA

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
Lic. Teología FUNLAM

Uso del G´EL en los Profetas Preexílicos
Sentido de solidaridad
Siguiendo a Frades Gaspar, tres profetas preexílicos, destacaron por su uso del G´EL en su mensaje y escritos.
Oseas: Israel rebelde, que ha abandonado a Dios creyendo que en el poder está la libertad.
Miqueas: reta la confianza del hombre en las riquezas, que oprimen al pobre y alejan a la persona de Dios.
Jeremías: recurre a el para expresar la esperanza de libertad del pueblo que vive en la desesperación.

Si nos detenemos a observar estas situaciones, no están tan alejadas de lo que hoy vivimos en nuestra realidad donde los problemas que aquejan al hombre no son más que el reflejo de sucesos ya vividos, pero que aun, persisten sin que se vislumbre solución alguna.

G´EL: Rescate, liberación, entendida en el AT, en el sentido de redención, venganza, sustento, etc., mejor aun, es el volver a como todo era antes de determinado suceso, donde la acción de Dios libera y rescata de la desgracia, independientemente de retornar o no al comienzo de las cosas.

TRES MODOS DE VER UNA SOLA VERDAD

Oseas: recurre a la infidelidad y a la rebeldía, el hombre recurre al poder del hombre para subsistir y ser libre. La muerte es temida y vista como el castigo final, del cual Dios no libera, en la medida en que el mismo hombre no se deje liberar, puesto que finalmente Dios no coacciona, nos deja actuar y decidir. Pero aun así se deja sentado que solo Dios libera y da vida, contrario a los deseos del hombre de matar y vivir a su modo. (Os. 2, 1 ss)

Miqueas: solo en la misericordia de Dios que se eleva por encima de los bienes del mundo, es posible alcanzar la paz y la libertad. (cf. Miq. 4, 2 – 5) se debe pasar por la humillación para alcanzar la purificación, ya que el lugar santo ha sido manchado, el hombre no ve lo bueno, sino el bien, como materia. No se puede alabar a Dios si se sirve a los bienes y explota al hermano, el culto vacío no dice nada. (cf. Mt. 6, 24. Miq. 6, 4)

Jeremías: dependiente de Oseas e influenciado por Miqueas, se centra en la liberación de todo tipo de explotación que reduce la vida del hombre a la miseria (Jer. 30. 31) se debe pasar por el éxodo nuevamente (Babilonia) ser rebelde y prostituirse para poder reconocer que solo en Dios, es posible ser liberado. Que solo él es capaz de rescatar al pueblo de sus enemigos, perdonarlo, consolarlo y cuidarlo.

Todo lo descrito anteriormente, no es más que un abrebocas del amor infinito que Dios siempre ha tenido por su pueblo, al cual educa por medio de las pruebas, ya que solo así, la fidelidad y la unidad son coherentes y auténticas, haciendo que quienes las han leído, leen y leerán, comprendan que a pesar de la fragilidad de la condición humana, Dios siempre estará presto a liberar, rescatar, salvar, siempre y cuando, la persona esté dispuesta a aceptarlo (Libertad) Así, el mensaje transmitido por los profetas, no será más que la voz de Dios recordándonos constantemente a qué estamos llamados.

En resumen, solo desde la libertad, la solidaridad no limitada a obras de caridad vacías y falsas, sino al compromiso serio de servir a los demás, sobre todo a aquellos que más lo necesitan y comprendiendo que detrás de toda liberación humana la obra de Dios se refleja como los rayos del sol en un espejo, haciendo de la historia, el referente de la obra divina para con el hombre y más aun hoy, donde el brillo de lo material, los falsos ídolos y una cultura de lo físico nos hace creer que ahí está lo mejor.

ARQUEOLOGÍA BÍBLICA 3


Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda

Lic. Teología FUNLAM



Análisis: La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento 3

Los descubrimientos arqueológicos más recientes, dan muestra de la invasión a Israel por parte de un monarca desconocido hoy, cerca del 850 a. C., y que en ocasiones se relaciona con Hazael rey de Siria, tal como lo muestra una tablilla hallada con el nombre de Joram, rey, lo cual denotaba el respeto del que gozaba la casa real de Israel gracias a David (estela de Meshab, rey de Moab siglo IX a. C.) además de buscar evidencia sobre la autenticidad de las batallas y victorias de David, además de comprobar que antes de David y Salomón la población era muy reducida y lo agreste del terreno dificultaba el cultivar.

Por lo menos, ya se ha descubierto Qasili, asentamiento filisteo del siglo X a. C., donde las cenizas, las rocas y demás dan prueba de una lucha, una batalla.

En los años 60, se descubrió en Megiddo gracias a las investigaciones de Yanin, un palacio de 2000 m2 con características propia de la arquitectura siria y fechado entre los reinados de Salomón y Ajab.

En época de David, la población era rural, la cerámica filistea ya había desaparecido para el año 1000 a. C., o bueno, eso se creía, ya que hay evidencias del siglo IX que descartan este aspecto. Gracias a David, la administración, la unidad y la cultura, harán del reino de Israel, un país digno y respetable, si bien es cierto que de la época dorada del reino, no hay registros ni pruebas contundentes.

Algunas inscripciones del siglo VIII, dan prueba de que la religión popular relacionaba a Yahvé con Astarté, a la cual convertían en su compañera, la deidad femenina de Baal, atacada ferozmente por Elías cuando recrimina al pueblo por su conducta.

Para I. Finkelstein y Neil Asher Silberman ya en el año 900 a. C., el estado de Israel estaba desarrollado con un gobierno estable, una sociedad estratificada y un comercio próspero. De esto dan fe los palacios en Izreel, Megiddo (donde se mencionan caballerizas (posteriores al siglo VIII) sin que hoy haya rastro de caballos en esa zona) y la producción del aceite de oliva allá por el siglo VIII a. C.

Basta con fijarnos en Samaria, la capital de Israel, donde los decorados del palacio de estilo egipcio y el mobiliario del mismo, dan prueba de la opulencia que alguna vez vivió esta ciudad (criticada por Amós y Oseas, quienes denunciaron la opulencia material y la lejanía religiosa reinando Jeroboam II)

Descubrimientos recientes, confirman lo dicho anteriormente sumado al descubrimiento de fortificaciones reforzadas en Baja Galilea, restos de dos palacios asirios en Megiddo, a la vez que en Judá gracias a Ezequías, se restaura el culto (pese a que este no llenaba todo el territorio (altares al aire libre, sacerdotes de otros cultos, etc.) Respecto a lo demás (escritura, historia) hay poco, lo cual reduciría la era dorada de Israel en época de David y Salomón, a una magnificación literaria posterior.

En cuanto al aspecto religioso, solo a partir del siglo VII a. C., y gracias a los profetas, el monoteísmo toma forma y sentido en el contexto de la vida del pueblo pese a que después de Ezequías, el pluralismo religioso regresa.

Grosso modo, y como ya lo he mencionado en otros escritos, el que ciertos lugares, sucesos o personas no hayan existido físicamente, no por ello deja de ser verdad todo lo que el Antiguo Testamento nos presenta. (Hay verdad, quizá no exactitud)

HECHOS DE LOS APÓSTOLES: EL EVANGELIO ROMPE LÍMITES

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
Lic. Teología FUNLAM

Análisis de los capítulos 7, 8 y 9 del Comentario a los Hechos de los Apóstoles, de Weldon Vertiel




CAPÍTULO 7

Chipre y Asia Menor representan un nuevo horizonte evangelizador para la Iglesia, ya que la convicción de esta de llevar también el mensaje cristiano a los no judíos, era de gran relevancia, sin dejar de lado que a pesar de su separación formal del Judaísmo, compartían una misma herencia en la fe del único Dios, sin olvidar desde luego que en el fondo, las relaciones entre judíos y gentiles, no era buena, no solo por los prejuicios religioso – culturales, sino también por la cuestión de la dominación (romana).

La sinagoga ya no es el punto de referencia, ahora lo son las casas, allí se predica, se ora, se parte el pan. Pablo sostiene la igualdad entre todos, pero aun así no es suficiente, llegando a separar el Cristianismo de la sinagoga. Esto, se complementa de una u otra forma con el alejamiento de Juan Marcos de Pablo, los motivos son tan diversos como complejos.

Siguiendo la bitácora, el viaje a Antioquia no estaba en los planes de Pablo, su intención era visitar otra ciudad, pero la enfermedad (quizá los ojos) lo llevan allí, donde contrario a otros lugares, los judíos más abiertos le reciben efusivamente. Antioquia, capital del antiguo reino seléucida y de la provincia romana de Galacia, destacaba por su economía, su ubicación y su multiculturalidad, allí, sin lugar a dudas, el mensaje cristiano causaría polémica, pues Pablo, al entrar en la sinagoga y leer allí, predica que Cristo es el cumplimiento del AT, el Mesías, Salvador, resucitado de entre los muertos, etc.

Por supuesto, la respuesta judía más radical, fue de atacar este mensaje, mientras que para los gentiles, lo fue de alegría. Finalmente, pablo y Bernabé se ven forzados a abandonar la ciudad, sacudiendo el polvo de sus pies, gracias a la influencia de la aristocracia y los judíos más ortodoxos (cf. Hch. 14, 51) de allí, pasaron a Iconio, donde una gran cantidad de judíos y gentiles creyeron, pero al igual que en Antioquia, los que no aceptaron se opusieron sin uñas y dientes, llegando a extremos tales como el de provocar conspiraciones, difamaciones y demás contra los apóstoles (quienes se quedaron allí un buen tiempo predicando y enseñando) y las mismas autoridades de la ciudad, haciendo que al final, la abandonasen, llegando a Listra, en esta ciudad carente de sinagoga, Bernabé y Pablo predican en las calles, e incluso, obran un milagro, curando a un paralítico que cree al oír el mensaje de Jesús. Este hecho llevó a que la gente de allí les viese como dioses griegos (Zeus y Mercurio) ofreciéndoles animales y rindiéndoles culto, ante lo cual, ellos reaccionaron indignados, pero a la vez aprovechando la ocasión para predicar el evangelio.

Lamentablemente, el recelo de los judíos de Antioquia es tal que al oír de los sucesos de Listra, logran poner a la gente en contra de los apóstoles, provocando su linchamiento a tal punto, que se creyó que Pablo había muerto, lo cual se descartó al ver como este se levantaba y al día siguiente salía de allí sin problemas, llegando a Derbe, donde la situación fue mejor: gran parte de la gente creyó. Posteriormente, regresa a Antioquia, donde constatan el desarrollo de las nuevas comunidades, dotándolas de organización (institución de los presbíteros por la imposición de las manos (ordenación) reafirmaron del mensaje (ser cristiano no eximía de persecuciones, no era fácil serlo) allí, permanecerían un buen tiempo.

CAPÍTULO 8

Llega el Concilio de Jerusalén, Pablo y Bernabé, asisten como representantes de la iglesia de Antioquia, y por ende, de las iglesias gentiles. Sin lugar a dudas su labor es bien recibida por todos, pero entre los fariseos que se habían convertido, el que los gentiles no se circuncidaran previamente no era de su agrado, para Pablo, esto era irrelevante, dado que para los ni judíos, esta y otras costumbres, carecían completamente de sentido.

Gracias a Pedro y su intervención haciendo referencia a su experiencia con Cornelio (Dios es para todos al igual que el mensaje de Jesús) el tema de los gentiles incircuncisos, queda zanjado. En este sentido, Pablo y Bernabé relatan su experiencia entre los gentiles y como el Espíritu les acompañaba confirmando su predicación. Jacobo (Santiago, quizá el menor) y Pedro, eran los únicos capaces de hacer entender a los judíos conversos de que los gentiles también eran llamados, recurriendo al mismísimo AT (cf. Am. 9, 11 – 12. Is. 2, 2), lo único que se le exigiría era que renunciasen a ciertas prácticas paganas y aceptaran coherentemente el evangelio. Nada de circuncisión u otro tipo de rituales judíos.

Esto alegró mucho a los gentiles.

CAPÍTULO 9

Después de la labor desarrollada en Antioquia, Pablo desea ir a Éfeso, pero el Espíritu se lo prohíbe, lo mismo ocurre en Bitinia. Es entonces cuando aparecen en escena Macedonia y Acaya, regiones de vital importancia para la cultura y la vida grecorromana. Vale destacar que la predicación en Macedonia se da como resultado de la aparición de un hombre a Pablo, a quien le pide viaje allí y anuncie el evangelio, lo cual es visto como una señal. Después del viaje, llegan a Filipos, la capital de la que ya era entonces una provincia romana, reducto del gran imperio de Filipo y Alejandro Magno existente tres siglos atrás. Entre los hechos más destacados se resaltan, la conversión de Lidia, quien hospedó a los apóstoles. Los filipenses veían a los cristianos como judíos con un mensaje de su Dios con una vida religiosa particular. Se organiza allí la primera iglesia y aparece por primera vez las figura del superintendente (obispo cf. Flp. 1 Tm. 4 ss) donde Lucas tendía un lugar relevante. A esto se le suma por ejemplo el suceso con la joven esclava, usada por sus dueños para ganar dinero por medio de la adivinación (Pitón) y que al oír la predicación de los apóstoles, deja de ejercer este oficio, provoca la ira de sus dueños, los cuales ponen a la gente contra Pablo y los demás, haciéndoles pasar grandes sufrimientos y nominándolos cono enemigos de la sociedad y la religión romana (el ser judíos de nacimiento los asociaba a la rebelión) y finalmente llevándolos a la cárcel donde gracias a un terremoto, huyen los demás presos, pero ellos no, locuaz evita el suicidio del carcelero y su posterior conversión, convencido allí, en prisión de que Pablo y Silas eran hombres de Dios.

Después de estos sucesos, son puestos en libertad y posteriormente, abandonaron la ciudad, dirigiéndose a Tesalónica, donde Pablo, intentando dialogar con los judíos, es rechazado yendo hacia los gentiles, donde en compañía de los judíos conversos, surgió la primera iglesia de aquella ciudad, que como en las demás no estuvo exenta de dificultades, amenazas, envidia y demás. Ya no se veía a los cristianos como un grupito, ya se les empezaba a considerar como una amenaza a la estabilidad incluso del mismo Imperio.

En Berea, ciudad cercana a Tesalónica, su gente se destacaba por ser noble, de mente abierta y deseosa por oír la Palabra de Dios, la cual transmitía Pablo. Vale destacar que los habitantes de Berea primero analizaban si la enseñanza de Pablo se equiparaba a la del AT, de modo que muchos creyeron en Jesús y los que no, no pusieron traba alguna. De allí, partiría hacia la cuna del pensamiento occidental: Atenas.

Llegado allí, se percata de que los atenienses son un pueblo muy religioso (politeísta) pensante (llega a dialogar con filósofos de diversas corrientes: estoicos: ley y virtud, epicureistas: materia, ausencia de dolor) de tal forma que el mensaje que Pablo les dirigió, les importó en lo más mínimo. Lo consideraron palabrería y a Pablo, un charlatán, así, el orgullo intelectual de los atenienses estaba a salvo. El predicar el Dios desconocido en la persona de Cristo, no fue algo asimilable para los allí presentes, de ahí sus burlas “te oiremos en otra ocasión” le responden dando la vuelta.

Pese a todo y que las conversiones fueron mínimas por no decir menos (Dionisio el Areopagita entre otros), Pablo no desfallece, se da cuenta que el conocimiento intelectual de los atenienses contrasta con el mensaje del evangelio y antes que desanimarse, continúa el camino.

viernes, 25 de septiembre de 2009

ARQUEOLOGÍA BÍBLICA 2

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
Lic. Teología FUNLAM

La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento 2

Los primeros habitantes de lo que fue Israel antiguamente, eran pastores nómadas que venían del desierto adoptando poco a poco un estilo de vida típicamente sedentario. Incluso se les asocia con los apiru, incluso se ha llegado a pensar que la palabra tuviera alguna relación lingüística con el territorio ilri hebreo descrito en las cartas de Tell el-Amama, que vivían al margen de la sociedad cananea, desarraigados, ladrones, gentes que vivían fuera de la ley y a veces mercenarios, a la vez que trabajaban en obras públicas egipcias.

Hay que tener en cuenta que el nombre no caracterizaba un grupo, sino una situación. Con base en los papiros egipcios del siglo XII a. C., mencionan también a los shosu pastores nómadas que habitaban en las fronteras de Canaán y Cisjordania. Aun así, los primeros israelitas eran catalogados como individuos peligrosos en cierto modo. Estudios realizados en la década de los 60, han demostrado que antes del siglo XI a.C., no hay huellas de asentamientos nómadas.

A partir de 1967 los arqueólogos israelitas excavaron los territorios pertenecientes a las tribus de Manasés, de Efraím, de Benjamín y de Judá y descubrieron un gran número de aldeas en el altiplano creadas en pocas generaciones. Cerca al 1200 a.C. en las alturas centrales de Canaán se había originado una gran transformación social. Se descubrieron cerca de 250 comunidades en la montaña, apartadas de las ciudades cananeas en decadencia, situadas entre las montañas de Judá al sur y las montañas de Samaria al norte.

Esto dio a entender que la aldea típica se levantaba en lo alto de una colina, en una zona escarpada y rodeada de bosque, compuesto principalmente por encinas y terebintos. Generalmente, disponían de buenos pastos. Las aldeas, al parecer, eran autosuficientes. El agua la obtenían de fuentes o la recogían de pozos excavados en la roca durante el invierno. Cada aldea ocupaba media Ha y albergaba unos 50 adultos y otros tantos niños.

Dichas aldeas no tenían edificios públicos, almacenes, templos o palacios, a diferencia de las ciudades cananeas que si los poseían. Tampoco tenían archivos, ni escritos o sellos o marcos. Las joyas son raras y la cerámica no estaba presente.
Se han recogido una gran cantidad de hoces y de piedras para triturar la mies en las casas, lo que indica que la economía se basaba en la agricultura. Se cultivaba la vid y el olivo, y en menor cantidad se realizaban actividades ganaderas.

Posteriormente, cerca del siglo VII a. C., ya se puede hablar con propiedad de Israel como tal, ya que gracias a su proceso de desarrollo, la influencia inicial de los jueces, su salida de Egipto y su identidad como pueblo, desembocaron en su concepción monoteísta. Yahvé que los eligió y los guía.

Pero no se puede pasar por alto que pese a sus vicisitudes y logros, fue durante los reinados de David y Salomón (1005 – 931 a. C.), que Israel alcanzó el clímax de su desarrollo en todos los sentidos (religioso, político, cultural, social) ya que de la Monarquía israelita, se poseen datos, algunos ciertos, otros fantasiosos que así lo demostrarían, cosa contrario ocurre por ejemplo con los patriarcas, de los que únicamente sostiene su existencia la tradición del propio pueblo.

Pese a todo esto, las excavaciones realizadas en las últimas décadas, han confirmado o descartado, lo descrito en las Escrituras, ya que vale tener en cuenta que algunos hechos, lugares o edificaciones descritas, han sido hallados o completamente borrados del mapa, no porque hayan desaparecido, sino que tal vez ni existieron.

HECHOS DE LOS APÓSTOLES: EL CRISTIANISMO, DIOS ES PARA TODOS


Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda

Licenciatura en Teología FUNLAM


Análisis de los capítulos 4, 5 y 6 del Comentario a los Hechos de los Apóstoles, de Weldon Vertiel

Capítulo 4

Inicialmente, la comunidad cristiana estuvo muy ligada a las prácticas y forma de vida de los judíos, dando a entender de primera mano que el mensaje evangélico estaba destinado únicamente a los habitantes y descendientes del pueblo de Israel, los gentiles no estaban aun en los planes. Esto ya se ve reflejado en el trato a las viudas griegas con respecto a las de origen judío (cf. Hch. 6) dando inicio al ministerio de los “diáconos”. Pero todos los problemas no se limitaban a la comunidad misma, pues por aquella época se empezaron a desatar las primeras persecuciones, tomando como puto de partida la predicación de Esteban, uno de los primeros siete “servidores” entre los gentiles (Hch. 7. 8) los judíos, desde el instante mismo en que inició no soportaban ni su predicación, ni los prodigios que se obraban por su mano.

Además, su mensaje atentaba contra la estructura religiosa – litúrgica de Israel dando a conocer que no solo por medio del culto estricto es posible acercarse a Dios, Padre de Jesucristo, muerto y resucitado, sentado a la diestra del Señor. Más aun, Esteban decía que Dios no solo se encontraba entre los judíos, ni era un monopolio exclusivo de ellos. Vale citar que también recurre a la experiencia de Moisés, ya que así como él fue rechazado cuando intentó por primera vez liberar al pueblo de Egipto, también Jesús lo ha sido, incluso, ha pagado con su vida por ello. Para el judío radical, dichas palabras no solo eran un insulto, sino además una blasfemia contra el propio Dios, lo cual desencadenó su condena y posterior muerte, la cual sin embargo no fue interpretada por los cristianos como una derrota.

En este contexto, hace su aparición aquel personaje que marcaría para siempre el ideario evangelizador cristiano: Saulo – Pablo, quien inicialmente es mostrado como un hombre celoso por su pueblo y su religión, fariseo, alumno de Gamaliel y receloso de todo aquello que atente contra lo suyo. Esta actitud se ve reflejada sobre todo a partir de la muerte de Esteban, donde él, pese a no ayudar a lapidarlo, da su aprobación. (cf. Hch. 7, 58) a partir de entonces, todo aquello que tenga que ver con Jesús, es perseguido violentamente; pese a esto, el mensaje de Cristo no es silenciado, pero si diseminado, como resultado de la huida de los discípulos de Jerusalén, por ejemplo en Samaria, que a pesar de no tener buenas relaciones con los judíos, el mensaje es bien recibido e incluso el Espíritu Santo, allí se manifiesta prodigiosamente (8, 7) en este contexto se da a conocer Simón, el Mago, famoso en Samaria por sus artilugios, e incluso, recién bautizado, que al ver como Pedro y Juan transmitían el poder del Espíritu, les ofrece dinero para obtenerlo, ante lo cual es rechazado y condenado, ya que su corazón estaba lejos del querer de Dios (8, 21) dando así nombre a uno de los aspectos más oscuros de la vida de la Iglesia posteriormente, la “simonía”. A la par que esto ocurría, la mención que Lucas hace acerca del eunuco de la reina de Etiopía y de su conversión y Bautismo por parte de Felipe, quien le ayuda con la interpretación de un texto, al parecer de Isaías, en el que se hace alusión posterior a Jesús, dando así a entender que el mensaje de Cristo también va dirigido a los gentiles.

Capítulo 5

La transmisión del mensaje a los samaritanos y los prodigios obrados allí, probaban a la Iglesia que el mensaje también estaba al alcance de los gentiles, incluso Dios se sirvió de un judío fariseo para anunciar el evangelio a aquellos que no eran de su pueblo: Pablo, un hombre tradicionalista y celoso guardián de su herencia, tanto que dirigió sendas persecuciones contra los seguidores del “nuevo camino” llegando a Damasco, donde la nueva fe empezaba a crecer.

Es allí donde su vida sería profundamente transformada por aquel a quien perseguía apasionadamente (Hch. 9, 3 – 30) dando paso a un nuevo hombre. De perseguidor a apóstol, de fariseo a cristiano. Su orgullo judío se ve derrotado ante la humildad de Cristo, de quien pasaría a ser su más férreo defensor, dejando así asombrados no solo a los cristianos, sino a los mismos judíos, para quienes pasó a ser un peligroso enemigo.

Pero al comienzo no fue todo fácil para él, pues aun había recelos entre los cristianos que no creían de a mucho en su conversión. Gracias a Bernabé, fue aceptado como uno de ellos. Después de estos sucesos, la iglesia gozaría de un breve periodo de paz y continuaba expandiéndose más allá de las fronteras judías, donde los prodigios confirmaban la predicación de los apóstoles (Pedro resucitando a Tabita, etc.) a la vez que los gentiles continuaban adhiriendo, como es el caso de Cornelio, centurión romano que a pesar de pertenecer al ejército conquistador, era bueno con todos, llegando a pedir el Bautismo a los cristianos junto con toda su familia gracias a una revelación, en la cual se le pedía que invitase a Pedro, quien a la vez comprendió por medio de una visión, que para Dios nada es impuro (cf. Hch. 10, ss.) dándole a entender que los gentiles también son participes del mensaje, defendiendo así su actuar ante la comunidad en Jerusalén, donde les manifiesta que para Dios no hay favoritismos, que todos los hombres pueden acercarse a él, independientemente de su raza, nación y lengua. (cf. Hch. 11, 1 – 18)

Capítulo 6

A pesar de que las puertas de la Iglesia se abrían a los gentiles, el recelo existente entre aquellos provenientes del judaísmo, empezó a provocar serias dificultades al interior de la comunidad cristiana, sobre cómo tratar a los conversos gentiles, ya que el informe presentado por Pedro y el suceso de Cornelio, no convencían del todo. Además, ya se veía venir la ruptura definitiva entre la religión judía y el nuevo grupo, dadas diferencias abismales entre ambas: la resurrección de Cristo y su papel mesiánico, la evangelización de los gentiles y demás, desembocan en lo que se conoce como el primer “concilio” de la iglesia, el de Jerusalén., pero previo a esto, se envía a Bernabé para que supervise la misión evangelizadora en Antioquía, avalándola por completo. Es más, fue allí donde por primera vez, se le llamó “cristianos” a los discípulos de Jesucristo. Con esto, sumado a lo anterior, las diferencias con los judíos se acentuarían definitivamente. Además, las persecuciones renacían, esta vez de una forma más tajante y cruenta. (Hch. 12, 1 – 25) se ejecuta a Santiago el Zebedeo, y se encarcela a Pedro, quien milagrosamente y con la intercesión de la comunidad por medio de la oración, sale de prisión sin ser visto por los carceleros. Un punto relevante radica en que ya los cristianos se empezaban a reunir por aparte para la oración y el estudio, separándose progresivamente del culto judío.

Pedro asiste y preside el Concilio de Jerusalén, donde se defiende el derecho de los gentiles a entrar en la Iglesia sin pasar por el judaísmo. Después de esto, se le pierde el rastro, al menos en Hechos. Papías, obispo del siglo II, lo menciona posteriormente en Roma predicando y donde fue el primer obispo. Esto da base al ministerio posterior del Papa como obispo de Roma y sucesor de Pedro, pese a que en ningún pasaje del NT, se menciona a Pedro en esta ciudad.

Posterior al Concilio, Herodes, quien había hecho imposible la vida de la primera Iglesia, muere terriblemente aquejado, dando a entender que Dios está del lado de la Iglesia y siempre la protegerá.

De aquí, y aprovechando el ambiente de paz que reinó en la región después de la muerte de Herodes y a la vez que los problemas generados por los judaizantes al interior de la Iglesia, provocaron la separación total entre ambas, el desarrollo adquirido por la iglesia en Antioquía a nivel de fieles y líderes misioneros, en capacidad de ir a otras regiones a evangelizar era ejemplarizante. Contrario a lo que sucede hoy, se envían a los menos capacitados y a los más idóneos, se les deja. Es aquí donde entra en juego lo referente a la imposición de las manos u ordenación, a pesar de que no se especifica si es una ordenación, se reconoce la compañía de la iglesia y la bendición al ministro o servidor a quien se le imponían las manos. Aun hay bastante que discutir al respecto. Por ejemplo, Juan Marcos (probablemente el autor de Mc) aparece como ministro, al parecer su función era la de instruir a los conversos, teniendo en cuenta que aun no existían registros escritos de la vida y obra de Jesús.

Posteriormente, Saulo y Bernabé parten a Chipre, hogar de Bernabé donde ya había presencia cristiana, donde conocen al procónsul romano Sergio Paulo y a un tal Barjesús, (hijo de Jesús) mago y falso profeta, temeroso de perder el favor del procónsul, quien al intentar desacreditar la predicación cristiana, queda ciego por la acción del Espíritu por medio de Saulo, provocando que el funcionario romano creyera, más no hay certeza de su conversión. Aquí, ya Saulo o Pablo, aparece como líder.

sábado, 8 de agosto de 2009

EL ANTIGUO TESTAMENTO, UNA LITERATURA DE CRISIS

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
LICENCIATURA EN TEOLOGÍA FUNLAM

Cuando se hace énfasis en el estudio e interpretación teológica, hay que admitir que el Antiguo Testamento no es muy tenido en cuenta, cosa contraria ocurre con el Nuevo Testamento, el cual no puede negar su fuerte conexión con los escritos veterotestamentarios, de los cuales ha bebido, tal como lo atestiguan los evangelios, y algunas de las epístolas paulinas y el mismo Apocalipsis.

Hoy, cuando todos hablamos de crisis (fin, cambio, oportunidad) en todos los niveles de la sociedad, vale la pena preguntarnos si el Antiguo Testamento ha pasado o pasa actualmente por una crisis en la cual no solo es cuestionado, sino también, dejado de lado, a pesar de su gran aporte a la fe tanto de judíos, como de cristianos.

Gracias al estudio de Armin Steil, es posible catalogar y evaluar los textos veterotestamentarios desde tres perspectivas distintas: Profeta, sacerdote y mandarín, dado que mientras el primero es un intelectual, marginado que apoya a los desfavorecidos, la crisis le significa esperanza. El segundo está o ha perdido sus privilegios, se fundamenta en sus tradiciones, para él, la crisis es el retorno al pasado, el recobrar lo que fue suyo y revivir sus tradiciones. El tercero, no es utópico, ni tradicional, para él, la crisis significa constatar desde la realidad, hacer historia, dejar huella.

El antiguo testamento es fiel testigo de las distintas crisis por las cuales ha pasado el pueblo de Israel a lo largo de su historia, desde la vida en tribus hasta la implantación de la monarquía, el paso al culto de Yahvé, el encuentro con los asirios, etc., son muestras evidentes de los momentos críticos de los israelitas, ya que cada uno de ellos, representó cambio, choque, adaptación e incluso rechazo (a los asirios por ejemplo) pero si de momentos críticos y definitivos se trata, basta con mirar el exilio del pueblo de Israel a Babilonia, con el cual toda su esperanza, visión teológica y vida, sucumben abruptamente, sin que esto signifique el fin, al contrario, se convierte en la oportunidad perfecta para que por medio de la creatividad, sean capaces de redescubrir su identidad y recobrar su dignidad sin dejar de lado su esencia.

Aquí entran en juego los tres tipos de discurso de crisis ya vistos:

1. El profeta: anuncia el cambio, no hay que mirar atrás, se da paso a una nueva visión del Pueblo frente a Yahvé, el exilio es el punto de partida hacia lo nuevo, se acerca la salvación (cf. Is. 40, 55).
2. El sacerdote: ve la caída del templo y del culto como un hecho desastroso para la nación, vuelve la mirada al culto del pasado, a las tradiciones del pueblo como único remedio para recomponer la comunión entre Yahvé y el pueblo exiliado, que a pesar de todo, aun recurre al sacerdote.
3. El mandarín: el típico escriba de la corte de Israel. Es el intelectual, cercano al político, pragmático y fáctico. Dan pie a la historiografía judía, (deuteronomistas) para él, la crisis parte desde la desobediencia del pueblo a Yahvé, de ahí que la acepten tal cual es, analizarla y comprenderla sin mirar adelante ni atrás.

Vemos como las tres posturas son incompatibles entre sí, aunque cohabitan en el AT., lo cual conlleva a que en el momento en que va tomando forma el compilado de la Biblia Hebrea, los deuteronomistas y sacerdotes, a partir de un diálogo crítico, se ponen de acuerdo al no ver en la utopía, un elemento viable de juicio y respuesta dejando por tanto a la profecía un espacio no tan relevante, al menos en aquel momento. (Hubo que esperar hasta su inclusión en los Nebiim, enriquecidos después por los Ketubim, respuesta a la crisis de identidad provocada por la cultura griega) Esto hace que el Antiguo Testamento llegue a ser desde la visión del exilio, como una herramienta de reafirmación de la identidad nacional y cultural del pueblo de Israel.

El Antiguo Testamento, a partir de la experiencia plasmada en su propio ser, se convierte en un excelente paradigma dada su capacidad de coexistencia entre enfoques diferentes que en vez de chocar entre sí, han hallado un modo coherente y enfocado de cohabitación, sin que por ello automáticamente desaparezca la confrontación. Ni el pasado ni el futuro es decisivo, ni pueden dejarse de lado a la hora de hacer frente las crisis, cuando estas amenazan; solo, desde el presente, se puede abordar de forma más objetiva un papel mediador entre ambos.

En un mundo donde la relación entre disciplinas está a la orden del día, no es descabellado que el AT, entre en relación con las ciencias humanas, la historia, la política y las ciencias sociales, además, la ciencia bíblica puede jugar un papel mediador entre la sociología y la filosofía; también y dado su carácter sagrado y de fe, sirve de gran apoyo para la Teología, en especial para la exégesis bíblica, ya que desde la crisis, se puede repensar la fe, donde Cristo, con su aparición en el mundo, produjo otra crisis ,donde el AT, debe ser releído, con el fin de reasumir y transformar nuestros propios preceptos, ya que de darlos por certeros ciento por ciento, no seriamos capaces de responder a los planteamientos propuestos por una sociedad donde lo sagrado dice poco o nada.

Para concluir, así como en el Antiguo Testamento los tres modelos vistos (profeta, sacerdote y mandarín) son válidos y comparten un mismo espacio, el mundo de hoy no está exento de ellos, antes bien, al ser capaz de asumirlos e interpretar su propia realidad a partir de ellos, la crisis dejará de ser vista como algo negativo, para así dar paso a soluciones coherentes, equitativas y respetuosas, sin dejar de lado su pasado, pero con la mirada puesta en el futuro.

ARQUEOLOGÍA BÍBLICA (Antiguo Testamento)

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
LICENCIATURA EN TEOLOGÍA FUNLAM.

La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento (1)

Si partimos de la base que sostiene que los libros del Antiguo Testamento no son históricos (Finkelstein y Asher) debemos tener en cuenta que esto no tiene por qué restarles importancia como libros sagrados más allá de que su contenido histórico no sea del todo exacto.

Las investigaciones arqueológicas dan muestra por ejemplo de que el periodo de los patriarcas, es más que todo una creación literaria, carente de soporte real en cuanto a la existencia de los mismos, sus actos y descendencia. Sumado a esto está el hecho de que su vida se basaba en comportamientos tomados de las tribus pastoriles y nómadas beduinos del próximo Oriente.

Al iniciar su trabajo, la arqueología bíblica se propuso confirmar con las excavaciones y hallazgos, que todo lo referente a la vida del pueblo de Israel y por ende a la redacción del Antiguo Testamento, se podía corroborar. Ejemplo, el hallazgo de Ur de Caldea, lugar de nacimiento de Abraham, y otros tantos lugares de Mesopotamia ubicados en la media luna fértil. No son pocos quienes afirman que a pesar de que los textos del AT, fueron redactados mucho después de ocurridos los hechos, esto no resta historicidad a los sucesos y personajes allí plasmados. El problema comenzó cuando se trató de la coincidencia de fechas y años, en determinados sucesos (descenso de Abraham a Canaán, en el 2100 a. C, según la cronología bíblica, pude en realidad referirse a cualquier otra época) otro ejemplo se refiere al uso del camello como medio de transporte, según el Génesis se usaban ya para transportar mercancía (siglo XI a. C.) cuando los registro indican en verdad que se usaron a partir del siglo VIII a. C.) Y así otros tantos ejemplos.

En cuanto al origen del Pentateuco como tal, se sitúa alrededor de los siglos VII y VI a. C., donde la genialidad de los distintos hagiógrafos, radicó en unificar las historias más antiguas, (datadas probablemente hacia el siglo IX a. C.) tales como la de los patriarcas, con las existentes en la época de su composición.

Además del Génesis, resalta por su composición y desarrollo histórico, el libro del Éxodo, donde la huida maravillosa de los israelitas, y la revelación de la Ley en el Sinaí, forman el eje conductor del texto. Por demás, hay que decir que la arqueología bíblica, se ha encargado de demostrar la superpoblación israelita en Egipto, proveniente de Canaán, o sea, por el Oriente, aproximadamente entre la edad de bronce y las últimas etapas de la edad del hierro que coincidió con la llegada de los hicsos hacia el siglo XVI a. C., vale recordar como en el Génesis se narra la llaga de la familia de Jacob a Egipto durante el mandato de su hijo José, hecho carente de datación certera. Por el contrario, el siglo XIII a. C., parece ser una fecha congruente con varios hechos relatados en el Éxodo donde se hace referencia a la condición de esclavos de los israelitas al tiempo que concuerda con la construcción de la ciudad de Pi Ramsés. A esto se le suma, la mención que se hace de un pueblo llamado Israel en Canaán, asolado por una campaña militar, en la estela de Memeptah hijo de Ramsés II, hacia el siglo XIII a. C.

En este punto, incluso se duda de la huida de un pueblo numeroso y más que haya durado 40 años vagando por el desierto, ya que incluso se ha rastreado esta zona, sin que aparezca una sola huella que haga referencia a un éxodo masivo en la época arriba mencionada, las cuales si aparecen durante los periodos helénico y bizantino.

A la luz de lo estudiado y aportado por Finkelstein y Asher, el éxodo es resultado de una mezcla de elementos históricos y geográficos de épocas diferentes, lo cual hace difícil datar y ubicar con certeza, fechas y lugares donde se desarrollaron los diversos sucesos que en él se narran. Por ejemplo, no se conoce exactamente durante el reinado de que faraón se produjo la salida de los israelitas (Ramsés, Sheshak, Necao)

Ahora bien, cuando se busca una fecha aproximada durante la cual se compuso el éxodo, se apunta hacia el siglo VII a. C., ya que el escenario de la llamada Historia de José, y su uso de nombres y personajes muy recordados por los egipcios, tales como Putifar, así, como los lugares de peregrinación israelíes como: Qadesh Barnea, Gheber, entre otros. Aquí vale recordar que ya desde antes de esta posible fecha de composición, hay trozos de una Historia del Éxodo que aparecen por la época del profeta Amós y Oseas, que menciona el paso por el desierto (aprox. Siglo VIII a. C.)

Ahora bien, si vemos al libro del éxodo mas como una expresión teológica y humana de cambio y libertad de un pueblo oprimido, más que como un texto histórico científicamente hablando, no será tan difícil asimilar que muchos de los sucesos, personas, y lugares, no corresponden ciento por ciento con la realidad, fruto de la arqueología y la historia.












HECHOS DE LOS APOSTOLES: HISTORIA Y PODER.

Por: Álvaro Hernán Rincón Fresneda
LICENCIATURA EN TEOLOGÍA FUNLAM.
Análisis a los capítulos 1, 2 y 3 del Comentario a los Hechos de los Apóstoles, de Weldon Vertiel

Capítulo 1.

Más allá del papel que cumplen los evangelios y las epístolas con referencia a la iglesia, anticipándola y presuponiéndola, es aquí, donde el libro de los Hechos de los apóstoles, que recibe este nombre alrededor de la mitad del siglo II d. C., desempeña un papel que podría ser único en comparación con las demás obras que componen el Nuevo Testamento, sin olvidar el lazo que la une sobre todo al evangelio de Lucas (en cuanto a la autoría de ambos textos) y es, el de plasmar, no solo la vida de los primeros cristianos, sino que también, deja claro, aunque suene contradictorio, que no es un texto de historia eclesiástica como tal ya que no abarca en su totalidad, el quehacer ni la misión de los demás apóstoles y sus comunidades (aparte de Pedro, Santiago y Juan en los cuales se enfatiza de una forma más amplia) además, muestra el hilo conductor entre la misión de Jesús y la vida de las primeras iglesias.

Lucas, no se ha salvado de las dudas a la hora de tratar sobre su autoría en ambos textos (Lc. y Hch.) Ya que según algunos (ej. A C Clark) las diferencias de lenguaje entre ambos textos son evidentes; por el contrario, la gran mayoría defiende el papel de Lucas en la redacción de ambos libros, dado que se enfatiza en Hechos la continuación de lo ya narrado en el evangelio (Hch. 1, 1 SS.) además se le muestra como el compañero de Pablo, el médico, (cf. Hch. 16, 10-17; 20, 5-2; 21, 18; 27,1-28; 28,16) en cuanto a la fecha de su composición, hay quienes la sitúan entre los años 65 y 70 d. C., probablemente después de la muerte de Pablo y en paralelo con la redacción del evangelio de Marcos y después del de Lucas. El punto álgido, radica en por qué termina abruptamente antes de la muerte de Pablo si fue escrito después de esta.

Como texto, su principal propósito, es el de contar la historia, la historia de los primeros cristianos, sin caer en el estilo típico de las cronologías sucesorias. Pone de relieve el hecho teológico de la iglesia y la predicación apostólica, sin dedicarse a la rigidez científica y exacta de la historia misma, donde una vez más, la obra de Dios, por medio del Espíritu Santo, sobresale por completo, dando a Jesús, el lugar de Señor de Judíos y Gentiles, al romper las barreras impuestas por los judíos conversos que no veían con buenos ojos, el que los no judíos también de hiciesen cristianos.
En cuanto al destinatario, es obvio que se trataba de alguien muy importante para Lucas, probablemente se trate de un dignatario, un funcionario, converso, al cual se le suministra la segunda parte de los hechos ocurridos (cf. Lc. 1, 1. Hch. 1, 1 ss.) con respecto a Jesús y su obra, ahora que parte del mundo, la cual continúa con el envío del Espíritu Santo. (Pentecostés) no hay ruptura, antes bien, todo continúa, solo que ahora, el impulso es definitivo, y extra-judío.

Capítulo 2

Desde el comienzo de la Iglesia, más exactamente de la predicación evangélica, ha sido característico el que esté presente lo que podríamos llamar “poder” no en el sentido de cosas o hechos magnánimos, sino en el don recibido por los apóstoles a través del Espíritu Santo, presente previamente a lo largo de la vida de Jesús (Lc. 10, 17 ss. Jn. 20, 22) y después a la Iglesia (cf. Hch. 2, 1- 13) mientras que en el Antiguo Testamento, el Espíritu no estaba separado de Dios, sino que actuaba en conjunto con él, y dotando al hombre de dones varios y de vida (cf. Ez. 37, 5. Ex. 31, 3) de la misma forma como lo hemos mencionado aquí, el Espíritu nunca ha dejado de actuar e iluminar con la verdad a aquellos a quienes fueron llamados desde el comienzo (los apóstoles) dando así muestras de la presencia de Dios en y por aquellos que a través del tiempo, han transmitido y vivido el evangelio.

Por otro lado, la relación existente entre el reino y la iglesia, generó cierta confusión, ya que mientras el reino de Dios era entendido a partir de la sumisión al control de Dios (en conjunto), el concepto de iglesia hacía referencia a los mismos ciudadanos del reino, aunque ya no de un modo totalmente sumiso, sino libre y expansivo. No se entraba a la iglesia de modo obligado, sino como fruto de la predicación, el bautismo y la aceptación de Cristo como Señor y Salvador. (cf. Hch. 2, 42 - 47). Para la Iglesia, el que desde los inicios las conversiones se diesen de forma abultada, más allá de ser un hecho grandioso, no dejaba de representar un problema, dado que al aumentar el número de cristianos, no daban abasto, por decirlo de alguna forma, aquellos que junto con los apóstoles, se encargaban de la predicación y el ministerio dando lugar al surgimiento de nuevos oficios y servicios en función de la comunidad (cf. Hch. 6, 1 – 6) a esto se le suma el que al provenir del judaísmo, había quienes aun seguían aferrados a sus antiguos preceptos, provocando roces con los fieles provenientes de los gentiles. Es aquí, donde el bautismo adquiere un papel determinante a la hora de agrupar a los fieles, en torno al mensaje de Cristo en la iglesia, vista esta como la comunión de los fieles bautizados, revestidos con el poder del Espíritu Santo, lo que los llevaba a actuar de acuerdo a la fe recibida, por medio del desprendimiento de bienes, el compartirlo todo (Hch. 2, 42 ss.) dado que se esperaba la inminente vuelta de Cristo y por tanto, los bienes pasan a ser algo efímero, un estorbo. Hay que admitir que aquellos primeros cristianos lo hacían por amor. Si esto se hiciera hoy, bajo qué parámetro se haría o a cambio de qué.

Retomando lo referente al poder en la Iglesia, no está de más recordar como el obrar de los discípulos, manifestaba la presencia del Espíritu en medio de ellos reflejándose este en bien de los demás, tal como ocurrió en la curación del cojo (Hch. 3, 1 ss.) el segundo discurso de Pedro (3, 11 ss.) los demás signos obrados (5, 12 ss.) en conclusión, el poder no se limita a curar, hablar en lenguas, resucitar muertos, etc., ya que si estas obras no se hubiesen realizado por amor a los demás y como muestra de la obra de Dios, se hubiesen quedado en meros actos taumatúrgicos, no necesariamente acompañados por el poder del Espíritu. (3, 5)

Capítulo 3

Independientemente de la datación a partir de la cual se sitúa el surgimiento de la Iglesia, es desde Pentecostés, cuando esta comienza a dar sus primeros pasos como tal; como toda obra recién inaugurada, todo es bonito al comienzo, no hay problemas, todos se quieren, pero llega el momento de la dificultad, y la Iglesia no fue ajena a esta realidad. Pasado el fenómeno de las conversiones masivas, sin perder de vista el hecho de la aceptación de Jesús como Mesías por parte de los nuevos fieles, la noción del reino de Dios que sobrepasa las fronteras nacionales, ofrece una vida nueva en Cristo, donde la iglesia, desempeña el papel de agrupar a los nuevos “ciudadanos” del reino, haciéndolos vivir en medio del mundo, aquella realidad prometida para la eternidad, por medio del testimonio de vida.

El rápido crecimiento de la iglesia asustó notablemente a las autoridades judías que veían en los cristianos el peligro de una revuelta que desencadenara la ira de Roma sobre ellos, perdiendo todo lo que de parte del Imperio habían recibido, además de que las enseñanzas cristianas chocaban con el sistema religioso judío, puesto que se predicaba que Jesús estaba vivo, algo incomprensible para los sacerdotes y demás componentes de las altas esferas de poder judías que lo habían juzgado y asesinado, desencadenando esto en el arresto de Pedro y Juan (Hch. 4, 1 ss.) y la persecución de los primeros cristianos (Hch. 8, 1 ss.) entrando a jugar Saulo, posteriormente, Pablo.

Todo lo anterior muestra que la nueva comunidad de fieles no es una secta judía como muchos la definieron inicialmente, sobre todo los romanos, dado que a pesar de surgir en medio de los judíos y adorar al mismo Dios, su mensaje partía de las enseñanzas de Jesús, su vida, resurrección y envío global.

En el capítulo 11 de Hechos, ya aparece referida esta comunidad con el rótulo de “ekklesia” iglesia. El grupo de los salvados, la nueva congregación, la cual ya no se escondía para anunciar la buena nueva, sino que llena de la gracia del Espíritu enviado continuaba dando signos de poder y compañía divina (exorcismos, curaciones, etc.) atrayendo a otros, judíos y gentiles a adherirse a la fe. Todo esto, como cosa rara, continuó atrayendo rechazo, odio por parte de las autoridades que ya veían a los cristianos no solo como un grupo peligroso, sino como una gran amenaza no solo para su religión y tradiciones, sino también a nivel político, social, religioso y cultural. Las posibles represalias por parte de los judíos no amilanaron a los discípulos, en especial a Pedro, que continuaban predicando la resurrección de Jesús, su señorío, la lealtad al Señor por encima de las leyes injustas, etc. Otra muestra de la presencia de Dios en medio de la nueva comunidad, es la intervención providencial de Gamaliel, maestro de Saulo, quien sin decirlo literalmente, da a entender que Dios está con los discípulos de Jesús, y por eso invita a los judíos a actuar con prudencia a fin de no contradecir los mandatos divinos con respecto a su actuar frente a este nuevo grupo. (cf. Hch. 5, 34 ss.).

¿Hoy no pasa lo mismo?, la Iglesia nunca ha dejado de ser perseguida, otra cosa es que el método de persecución ha variado, admitiendo que es más efectivo hoy que antes.

Otro aspecto relevante, es el de la coexistencia de judíos y gentiles en la comunidad cristiana, ya que dadas sus diferencias a nivel cultural y religioso antes de abrazar la nueva fe, no era de extrañar que se presentaran roces y discusiones entre ellos, (cf. Hch. 6) en asuntos tan complejos como por ejemplo en lo referente a la distribución de la ración, lo cual, desembocó en la institución de los primeros diáconos (servidores, en griego) encargados del servicio y la administración de los bienes. Papel muy diferente al que estos ministros desempeñan hoy día.

Grosso modo, la iglesia, desde sus comienzos, acogió a todo tipo de personas, sin fijarse en colores de piel, condiciones sociales, rangos, culturas, etc. Nada puede impedir que la palabra de Dios, el mensaje de Cristo y el poder del Espíritu Santo se den a conocer siempre y cuando los fieles seamos capaces de dejarnos guiar correctamente. De lo contrario, no sirve de nada hablar de Iglesia.

sábado, 30 de mayo de 2009

ECOLOGÍA Y TEOLOGÍA (INICIO)

POR: ALVARO HERNÁN RINCÓN FRESNEDA
TEOLOGÍA FUNLAM

Todos hablan hoy de Ecología. Pero, ¿de cuál línea de la Ecología? La Ecología técnica sólo le lima los dientes al lobo. La Ecología política no pone en tela de juicio el "desarrollo". La Ecología ética se centra en la compasión universal. La Ecología holística es una visión más total.

Leonardo Boff

A grandes rasgos, se puede percibir como la ecología ha ido cobrando una importancia cada vez más relevante no solo en las distintas ramas del conocimiento, sino también en la Teología, ya que como ciencia ligada a Dios de manera plena y a la vez en comunión con el hombre, plenitud de la obra creadora, no podemos dejar de lado que el mundo, en el cual este habita se enfrenta actualmente a un gran peligro como consecuencia de sus propios actos.

Ahora bien, la ecología, lamentablemente ha sido clasificada de acuerdo a diversos aspectos, que en vez de beneficiar al planeta, se han dedicado a litigar entre sí, de acuerdo a conveniencias de orden económico, social, político, e incluso religioso.

Hago aquí un paréntesis para citar unas palabras del Dr. José Ramón Amor Pan, Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos e Instituto Compostelano de Ciencias Religiosas España, respecto del pensamiento del P. Bernhard Häring:

Querer un mundo saludable, donde se garantice y promueva no sólo la supervivencia física sino la calidad de vida de todo hombre y mujer, es una responsabilidad compartida por todos los seres humanos, en la que los creyentes no tienen ningún título de superioridad, no saben más que los otros, no tienen todas las respuestas, sino que la fe tan sólo otorga mayores motivos para seguir confiando en el hombre y seguir luchando por su promoción, nada más pero tampoco nada menos. transmitirlo a una humanidad deseosa de conocer el misterio de la
vida y de tener la sabiduría ética necesaria para humanizar todo ese admirable progreso.




Por tanto, siempre debemos tener presente que si la Teología se aventura cada vez más a aportar de manera constructiva en cuanto a la ecología se refiere, debe hacerlo en clave de aportar al hombre y a la sociedad de hoy, a al luz de la fe, respuestas adecuadas que permitan no solo vivir, sino vivir bien.




Esto es apenas un abrebocas, pronto encontrarán mayor información al respecto.




Agradecimiento a:






LA CUESTIÓN JOÁNICA

POR: ALVARO HERNÁN RINCÓN FRESNEDA
TEOLOGÍA FUNLAM
Juan no es el único evangelio que posee textos propios, también los sinópticos ya que aparte del relato de la Pasión, los relatos comunes son: expulsión de los mercaderes del templo (lo 2,13-16), la multiplicación de los panes (6,1-13), Jesús caminando sobre las aguas (6,16-21), la unción de Betania (12,1-8) y la entrada triunfal en Jerusalén (12,12-19); a pesar del relato común, la narración de lo reviste caracteres propios. Además resalta la importancia dada a diversas cuestiones de moral práctica; el amor de Jesús a los pecadores y a los pobres (tan propio de Lucas), aparecen en lo como cosas marginales o enfocados de diversas formas. Con esto se descarta que Juan haya sido escrito como complemento a los demás evangelios, dado que él también, vivió de cerca la experiencia de vida con el Señor, plasmándola luego en el texto que nos atañe, sin que por ello, no recibiese influencias adicionales: Qumrán (cf. Jn. 1, 35) el libro del Éxodo, y una que otra relación con el judaísmo de carácter helénico propio de la Judea de la época. En cuanto a autor, después de los debates en torno a su origen, ya son pocos los que dudan del origen apostólico del texto dado que reflejan una profunda cercanía con Cristo y su vida misma. De esto ya da fe la historia misma. Basta con referirnos a san Ireneo de Lyon, (Adv. Haer. 3. 1, 1) discípulo de Policarpo de Esmirna y este a su vez, discípulo directo del apóstol Juan. Clemente de Alejandría lo reafirma al mencionar a Juan como el autor del cuarto evangelio (Canon Muratori). Aquellos que dudan de la autoría por parte del apóstol, lo hacen al malinterpretar un pasaje citado por Eusebio de Cesarea que se refiere a Papías en cuanto al autor del Apocalipsis, y la 2 y 3 carta. Más allá de las fuentes externas, el propio evangelio, se encarga en cierto modo de explicitar quien es el autor; basta con ver: (Jn. 21,24). Esta frase bien sea de Juan o sus seguidores, no puede ser rechazada. Por consiguiente, el autor es «el discípulo a quien amaba Jesús» (21,7.20). ¿Quién era éste? Tiene que ser necesariamente un apóstol, puesto que este discípulo estuvo presente en la Cena (13,23), y a ella no asistieron más que los Apóstoles (Lc 22,14).
A él también dejó Jesús encomendada su Madre (19,27). Por los-Sinópticos sabemos que Pedro, Santiago y su hermano J. forman el grupo más íntimo de Jesús (cfr. Mc 5,37; 9,2). Sólo Juan, puede ser el autor. Y por eso, precisamente, nunca aparece su nombre en la obra, sino que recurre a llamarse “el discípulo amado”. Autor judío, conocedor de las tradiciones judías, y testigo de primera mano de muchos sucesos obrados por Jesús así como de la predicación y los momentos decisivos en la vida del Señor (cf. Jn. 3,23; 4,5-6; 10,22; 11,18.54; 19,14 etc.)
En cuanto a la lengua de composición, se menciona el arameo, la mayoría lo refiere al griego koiné, pobre en vocabulario, de uso recurrente a expresiones propias del semitismo, frases repetidas (en verdad os digo, entre otras), mas allá del vocabulario, sin importar su “pobreza” es innegable su gran riqueza en hechos dramáticos, imprimidos sobre todo a los milagros, el relato de la Pasión, solo por nombrar algunos, donde la antítesis devela el gran contenido teológico que busca transmitir el evangelio a la hora de anunciar el mensaje. (cf. Jn. 1 ss.)
Al hablar de los destinatarios, se revela cuál fue la finalidad que el autor se propuso: dar mayor profundidad a la fe y a la vida de los que creen que Jesús es la Palabra salida del Padre, que ha venido al mundo a iluminar, se encarna y fija su morada entre los hombres, y luego vuelve a la Gloria del Padre, de tal manera que al ser leída la obra, se penetre por la fe, en el hecho de que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios, y así se alcance la salvación. Se busca conectar al creyente con Cristo, fuente de vida, por la fe en Él. No se dirige directamente a paganos, para convertirlos, sino a cristianos, con el fin de que sigan creyendo y sigan teniendo vida eterna.
Otros por el contrario, aseguran que tiene también alguna finalidad polémica contra quienes exageraban la misión de Juan el Bautista (cf. Jn. 1,6-8), contra ciertos grupos judíos (cfr. 16,1-4) o contra herejías gnóstico-docetas ya presentes en vida del apóstol (cfr. 1,14; 19,34). La verdad, la susodicha “polémica” no deja de ser solo eso.
En síntesis, más allá de todo lo planteado, no se duda de la autenticidad del escrito mismo, el texto griego se caracteriza por su seguridad, (presente también en los sinópticos y las cartas) si bien la duda sobre si el apóstol lo escribió de su puño y letra, sigue latente aun.
¿Si probablemente el texto no hubiese sido redactado por el propio apóstol, esto le resta autenticidad y canonicidad?

domingo, 10 de mayo de 2009

LA CONDICION CREADA DE HOMBRE EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


Todo pueblo posee sus propias narraciones de índole religioso y espiritual a la hora de referirse al origen del mundo y del hombre. Solo por citar algunas, menciono por ejemplo el poema de Gilgamesh (cf. Gn. 1-3), El Huevo cósmico de los africanos, el surgimiento del hombre de la tierra, muy presente en las culturas indígenas de Mesoamérica, etc. Si algo está claro, es que incluso el mismo pueblo judío, no solo conocía algunas de estas narraciones, sino que también poseía las suyas (La creación del hombre: Ish e Isha )
En el judaísmo, para que el hombre se sintiese pleno, tenía la concepción de que Dios no solo era su creador, sino que también su fe se reflejaba en el respeto a la alianza con él, de tal manera que se pudiese contar con su compañía y guía, sobre todo a la hora de la lucha y la supervivencia. Después de las guerras y del establecimiento en la Tierra Prometida, Dios fue visto como protector y proveedor, sobre todo en la agricultura. Es decir, el judío veía a Dios, más allá de su poder y obrar, de acuerdo a las circunstancias que los rodeaban.
Ahora bien, en el Génesis, cuando se da inicio a la obra creadora, se manifiesta desde el principio que esta se encamina y apunta en función del propio hombre, no como su dueño, pro si como aquel que la va a administrar, por decirlo de algún modo, pues todo está ordenado hacia él y a su servicio, pero, vale tener claro que a pesar de que el hombre sea quien más se beneficio de la Creación, este depende de los designio de Dios quien a fin de cuentas es el autor de todo.
En el contexto cristiano, y unido a la concepción judía, creemos que el mundo, fue creado por Dios, de tal modo, que lo que existe, no estaba anteriormente, pero difiere en cuanto que para el cristiano, el centro de la creación es ahora Cristo y la Iglesia, más ya no lo es el pueblo de Israel, y además, se resalta la figura de Cristo en la Creación e incluso antes de esta (cf. Jn. 1, 1 ss.).
A la luz del Vaticano I, y del IV Concilio de Letrán, se nos muestra la creación como el origen de todo a partir de la nada, siendo esta última, la nota distintiva del obrar directo de Dios. Y que a la par del origen del universo, se dio inicio al tiempo como tal. (cf. Dz. 800. 3002).
Para Santo Tomás, el origen del mundo no significaba tajantemente el inicio del Universo a la vez. O sea, quizá ya el universo existía antes de la aparición del mundo, y en cuanto al tiempo, lo veía como un artículo relevante de fe, dando la idea, de que el hombre, depende en su totalidad, de Dios y que sin él, no pude ni siquiera – por citar un ejemplo – respirar. El hombre no es un ente manipulabe, ni apareció de la nada así como así; que su ser y su obrar se realicen plenamente de acuerdo a la obra de Dios de modo trascendente. Esto lo hace una criatura, y no, porque provenga de alguien que Dios haya hecho con sus propias “manos”.


Retomando las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se define a la creación, no tanto en su origen, sino encaminada al futuro, a la renovación de lo ya existente, en función de Cristo y del hombre, el cual está llamado a cuidarla, renovarla y sobre todo, a defenderla.
La creación, dada por Dios al hombre, como habitante del mundo, administrador y a la vez, servidor del mismo, está dirigida a la plenitud, es por ello que se debe insistir en cuidar no solo al mundo físico, sino también, a sí mismo, como obra máxima y perfecta de Dios, por medio del cual, él se hace presente, renovando constantemente su propia obra.

Dios no destruirá al mundo, si eso ocurre: ¿de quién será la culpa?